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por
Miguel Ángel Molinero Polo
El
primer viernes de la semana, el día de descanso, nos llega cuando sólo
llevamos cuatro días en Egipto y sólo dos de trabajo efectivo. Las
prisas, los nervios, la ansiedad de los días previos a nuestra salida,
se fueron calmando algo al subir al avión. La emoción de volver a
Egipto, el recibimiento caluroso de los compañeros de la Misión que ya
estaban aquí, la visita de la tumba de Harwa y el reencuentro con sus
textos, las primeras visitas de otros y a otros grupos arqueológicos,
ocuparon por completo nuestros primeros días. Sólo hoy, jueves, con la
tranquilidad del día de fiesta y un mejor funcionamiento de internet
hemos podido abrir la página de la Misión Epigráfica.
Por
primera vez desde que se iniciaron las excavaciones de la tumba de
Harwa, en 1995, el trabajo para este año ha sido dividido en dos
campañas independientes con tareas específicas para cada una de ellas:
epigráficas de febrero a abril y arqueológicas en las fechas
tradicionales del otoño egipcio. Durante diez años, los integrantes del
amplísimo equipo nos reencontrábamos en los meses de octubre a
diciembre. No llegábamos todos al mismo tiempo ni nuestras estancias
tenían la misma duración, pero siempre, al menos unos días, coincidíamos
unos con otros.
En
estos diez años, la amplitud de las tareas ha multiplicado el número y
la variedad de especialistas que acuden a desarrollar su trabajo
específico con los materiales que está proporcionando el complejo
funerario de las TT (tumbas tebanas) 37 y 404.
Las
salas principales de la tumba de Harwa estaban decoradas del suelo al
techo con relieves o contextos funerarios. El abandono y los seísmos
habían ido deteriorándola, sin llegar a ocultarla por completo, de
manera que estaba abierta, era conocida y fue saqueada durante siglos.
Las excavaciones de la Misión Arqueológica Italiana en Luxor han
recuperado más de cinco mil fragmentos de su decoración –y tienen que
descubrirse aún varios miles más en los pozos y las cámaras que están
aún sin excavar–. Guardados en cajas, organizadas éstas según el lugar
del hallazgo, esperan a que el equipo de epigrafistas vaya leyendo sus
signos, recomponga palabras, frases enteras, y las escenas a las que
pertenecían e identifique el lugar que ocupaban en las paredes. Pero
para realizar esta labor, el grupo epigráfico tiene unas necesidades de
espacio libre en el interior de la tumba que pueden llegar a interferir
en la labor de los demás, por lo que decidimos iniciar en este año la
experiencia en solitario. Esta situación nos va a privar de la presencia
de compañeros entrañables. Por fortuna, algunos de ellos aprovecharán la
apertura de la tumba para pasar a hacer trabajos puntuales y eso nos
devolverá su compañía por algunos momentos.
Esta
división del equipo nos da la oportunidad de iniciar un diario de las
actividades del grupo de epigrafistas de la tumba de Harwa. La propia
naturaleza de nuestro trabajo condicionará el carácter de este diario
que no será exactamente tal. Nuestra especialidad es de resultados más
lentos que las otras técnicas que intervienen en un excavación, por
ejemplo, que la propia arqueológica con la magia de sus descubrimientos
repentinos, o, en realidad, que se perciben así, aunque también son el
fruto de una labor paciente y planificada. Hay días en que los
epigrafistas unimos dos bloques grandes de pared y conseguimos leer una
parte significativa de una titulatura, de una escena o de alguna frase
de himno u oración. Pero en otros momentos, el registro minucioso de una
caja que contiene un centenar de fragmentos de pared con medio signo
jeroglífico –o incluso menos– no aportará nada significativo que
reseñar; es una tarea necesaria, que dará sus frutos a largo plazo,
cuando revisemos la base de datos buscando las partes de pared con
signos que puedan encajar con los que ya tengamos identificados, pero
para el lector del diario le parecerán días de trabajo repetitivo. En
consecuencia, intentaremos mantener regularidad en la redacción de estos
textos, pero no podemos comprometernos a escribirlo todos los días, pues
no siempre nuestra tarea traerá noticias de un interés inmediato.
En
internet ya existen otros diarios de trabajos arqueológicos, como el de
nuestro propio equipo de Harwa, el más antiguo de los que siguen en
activo relacionados con la Egiptología, o el más conocido en español, el
de nuestros amigos del Proyecto Djehuty. Creemos que la especificidad de
la epigrafía nos permitirá crear un diario original, que muestre las
características de otra más de las muchas tareas que se realizan en una
excavación en Egipto.
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