La Universidad de La Laguna  y
l'Associazione Culturale
"Harwa 2001" ONLUS
presentan


Tumba de Harwa 2006

 

Localización de los trabajos
a
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Quién era Harwa
 

1 de abril

por Miguel Ángel Molinero Polo

La tarea del epigrafista quedaría incompleta sin la colaboración de otros especialistas. En días pasados he comentado la necesidad del trabajo del fotógrafo y de la arquitecto para empezar –y en años próximos concluir– la copia digital de las inscripciones de la tumba de Harwa. El sábado han concluido su estancia con nosotros los dos restauradores de la Misión, Sophie y Bruno, ambos franceses.
Su actuación principal, esta campaña, era la consolidación de uno de los pilares del pórtico de entrada. Cuando se descubrió, estaba partido en varios bloques, siguiendo fracturas verticales, lo que permitió que pudieran ser mantenidos mediante abrazaderas. Su labor era importante como prueba de método, pues ya hemos visto que la mayoría de los pilares que están aún enterrados en el patio y cuya parte superior empieza a aflorar tras las primeras excavaciones, se encuentran en el mismo estado. El pilar del pórtico tiene una ventaja para empezar a trabajar con él, y es que no está decorado, mientras que la mayoría de los demás sí lo están y la tarea con ellos tendrá que ser más delicada.
Como segunda labor tenían asignada la limpieza de los relieves y textos del vestíbulo. Cuando entramos en 2004 –antes estaba siendo utilizado por el Supreme Council of Antiquities como almacén–, encontramos sólo un pequeño número de bloques de pared, insuficientes para completar todas las lagunas. Probablemente, al ser la entrada a la tumba, haya sido la parte saqueada más intensamente en el s. XIX. Esto hace que toda la información sobre su programa decorativo, que estaba concluido de suelo a techo, tengamos que obtenerla de los escasos restos que quedan in situ. Pero las paredes están muy deterioradas por las sales, lo que convierte en vital el trabajo de los restauradores para que podamos leer sus textos y relieves. Además, tan pronto como empezaron a limpiar, todos los epigrafistas que cruzábamos por el vestíbulo les señalamos un signo jeroglífico rarísimo: un carro de guerra, representado con todo detalle. Cada vez que pasábamos, girábamos involuntariamente la vista hacia el signo, y aunque no les dijéramos nada, se daban cuenta de nuestro interés y nos miraban con ojos que decían: “tranquilidad, todo va bien ¡pero no nos agobiéis!”.
Para alegrar la despedida, en la cena hemos decidido acabar el cargamento que nos quedaba de la comida traída de casa. Quesos de Fuerteventura, almogrote gomero, chorizo de La Palma y algunas exquisiteces italianas han sido concluidos como cierre de su estancia y como una forma de decirles que les esperamos en el Archipiélago.
¡Ah! El carro de guerra ha quedado limpio. No sé si les habríamos dejado irse sin terminarlo…
 

 

LA MISIÓN


Los miembros
El inspector
Los trabajadores egipcios

 

 

LA FOTO DEL DÍA

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